Todo el mundo necesita colocar su lealtad en alguna parte, ya bien sea su ciudad de origen, su partido político, su líder favorito, o su equipo de fútbol favorito.
Cuando yo era pelao’ en Cartagena tenía una amiga que estaba tragada de uno de los bolloncitos de Bocagrande, y su lealtad le pertenecía a esa figurita por completo. El man era un desastre: loquillo, periquero, jugador, infiel y medio mafioso, pero en frente de esta pelada tu no podías decir nada malo de ese man porque esta pelada tonta te sacaba los ojos. Si tu le decías que habías ido a “Minerva”, el sitio de moda en esa época, y que habías visto a “Albertico” metiendo perico, eso era mentira, según ella, pues “Albertico era un santo y era un hombre perfecto y bello que no hacia nada malo”. La lealtad de esa pelada, por estupido que esto parezca, reposaba en la figura de “Albertico”.
El caso de mi amiga de adolescencia es explicable porque en esa época ella tenía 16 años y uno con 16 años no sabe nada de nada y es un idiota. Pero para mi sorpresa, he descubierto con tristeza que los colombianos poseen “lealtades adolescentes” hasta que llegan a viejos, que no es una cuestión de edad o de un periodo de vida sino que es una cuestión de inseguridad. La gente en Colombia cree que, sosteniendo esas lealtades insostenibles, se ve más decidido, más seguro, más comprometido. Así, después de hijueputas 100 escándalos y contando, hay gente en Barranquilla que aún le es leal a los Char, en especial a Alex, porque Alex estudio en el colegio del que le ofrece su lealtad, o porque Alex alguna vez se tomo unos tragos en una fiesta con él o ella y se portó bacán. Con eso bastó para que este individuo se ganara la lealtad del otro, y de ahí en adelante ese niño-adolescente colombiano que nunca madura defenderá a Alex el resto de su vida. Esa lealtad mal puesta le da seguridad, le permite ser parte de algo.
Y lo mismo con una ciudad, o con un equipo de fútbol. Yo alguna vez trabajé para una compañía consultora de IT de la India y alguna vez tuve que dar un reporte negativo de un hindú de mi equipo, y el tipo que me recibió el reporte me lo negó rotundamente porque, según él, “los hindúes eran los mejores consultores de IT del mundo y nunca se equivocaban” (???). En este caso, la lealtad ciega de este individuo estaba puesta en su nacionalidad, él le era leal a todo lo que viniera de su país, la India.
Y la gran mayoría de la gente es así. La gente siente la necesidad de reposar su lealtad en alguna parte, y muchas veces se equivoca al dar esta lealtad. Muchas mujeres la ponen sobre sus maridos, y cuando estos las traicionan con otras mujeres, las víctimas de la traición se derrumban, pues le entregaron su lealtad a su pareja y esta le pagó mal.
Y la gente entrega su lealtad porque necesita hacer parte de algo: una ciudad, un club, un equipo de fútbol, un sistema social, una empresa. Yo trabajé con el Citibank hace como 30 años en Bogotá, y ahí conocí a un cachaquito güevón que decía que no se cambiaba de compañía ni si le ofrecían 10 veces más salario en otra parte. Este cachaquito le entregó su lealtad al Citi por completo, y era el epitome del “company man” (¿me pregunto si su lealtad cambió durante la crisis financiera del 2008?).
Obviamente, lealtades de esas son una estupidez. Poner la lealtad de uno en una compañía que mañana te puede echar como a un perro es una estupidez. Y ponerla en una ciudad es una estupidez aún peor. Creer que todo lo que sale de Barranquilla, o de Cartagena, o de Miami, o de Londres, es perfecto, es una idiotez.
Pero la lealtad más peligrosa y más traicionera, sin duda, es la lealtad política, porque la política apasiona a la gente como pocas cosas.
Y el peligro de la lealtad política es que es una lealtad simple a la cual tiene acceso todo el mundo. La mayoría de la gente que tiene poco, o que ha sido destruido(a) por otro tipo de lealtades, coloca su lealtad en un político de manera ciega porque es lo único que les queda.
Ahí tienen ustedes el caso de los seguidores de Uribe, quienes en el 2018 votaron por “el que diga Uribe”. Esa es una lealtad ciega y absoluta. Esos individuos serían capaces de poner sus vidas en las manos de Uribe, porque no tienen nada más, porque su visión de país quedó plenamente satisfecha con los 8 años en donde Uribe mató guerrilleros y les permitió a los finqueros volver a sus fincas. Los militares, grandes artífices del fenómeno de la “seguridad democrática”, son otro ejemplo de una lealtad mal colocada. Yo conozco muchos militares que viven y mueren por el ejército, o la Armada. El que se meta con el ejército, o con la Armada, paga, incluso puede morir. Las fuerzas militares son el último refugio de la lealtad porque la lealtad en si es un concepto profundamente asociado a la profesión castrense. Así, tu le muestras ejemplos de falsos positivos a un militar (o ex-militar), y el tipo lo niega y defiende a su cuerpo castrense y te amenaza. Incluso te puede sacar una pistola para intimidarte y hacerte que te calles. Encontrar a un militar maduro que sea capaz de cuestionar esa lealtad mal colocada, es casi un imposible. Para los militares el ejército o la Armada son su vida, y sienten que le deben todo a su cuerpo, así haya escándalos sacudiendo todos los días a estos cuerpos.
Todo el mundo necesita colocar su lealtad en algún lado.
Obviamente, esto es lo que estamos viendo también con Petro y sus seguidores. A pesar de que la evidencia para cuestionar este gobierno se apila rápidamente y de manera evidente, sus seguidores se rehusan a aceptar estos hechos porque, si les quitan la venda de los ojos, se quedan sin un lugar en donde hacer reposar su lealtad. Ellos son del “combo” petrista, de los leales a Petro, y para demostrar esa lealtad repiten una y otra vez “¡Firmes con mi presidente Petro!”. Si tu les tumbas a Petro (o mejor dicho, si Petro se tumba solo), ese tipo o tipa, emocionalmente, queda en la calle. Su lealtad más fuerte se la estás desbaratando con ello, ¿qué van a hacer? ¿A donde van a ir, o quién van a seguir ahora para ser leales?
Yo he llegado a la conclusión de que, la gran mayoría de gente es leal a esto o a lo otro porque no es leal consigo mismo.
A mi se me acusa de arrogancia y de ego desbordado, pero la realidad es que yo he encontrado una solución bastante aceptable para vivir en un mundo cundido de lealtades destrozadas: yo solo soy leal a mi mismo y a mi perrita, punto. Mi necesidad de lealtad esta puesta en mi mismo. Yo no necesito entregarle mi lealtad a nadie, lo que me permite una existencia crítica de todo y de todos, excepto para ponerla en mi mismo. Yo creo en mi, en mis capacidades, en mi inteligencia, en mi valor personal, en mi habilidad. Si algún día mi mundo se derrumba, me derrumbare yo solo, pues mi lealtad solo estaba en mi. Tal vez decepcione a mi perrita, que tiene toda su lealtad puesta en mi de manera ciega, pero la relación entre Tina y yo es perfecta porque yo soy leal a ella y ella es leal a mi. Poner la lealtad de uno en otros seres humanos es un error, siempre te van a decepcionar. Tina nunca me va a decepcionar.
Esa es la razón por la cual mucha gente también es leal con sus madres o padres, pues saben que solo ellos nunca los van a decepcionar.
Desafortunadamente, a mi me ha decepcionado todo el mundo, hasta mi familia, así que yo decidí, hace ya bastantes años, que mi única lealtad es conmigo mismo. Es un buen arreglo, funciona. De esta forma no se decepciona uno de nada ni de nadie, ni corres riesgos a la hora de colocar una lealtad.
Yo les voy a confesar algo. Hace 4 años, yo, fácilmente, me hubiera podido vincular a la campaña de Petro porque me lo ofrecieron como 20 veces, de distintas formas. Todas las rechacé, pues ya desde entonces yo sospechaba que este gobierno iba a presentar fallas y que mi lealtad no iba a ser correspondida. Yo incluso habría podido lanzarme de representante, o de senador, y quien sabe, con la taquilla que movía en esa época, hasta de pronto hubiera salido.
Pero no, rechace todo y mantuve mi independencia crítica.
Hoy, queda absolutamente claro que hice lo correcto. Yo apoyé la “idea” de lo que representaba Petro y lo que él decía que iba a cambiar, pero nunca fui tan idiota como para entregarle mi lealtad de manera incondicional. Yo sabía que yo no podía estar en el mismo combo de Veronica, Armando Benedetti, Roy Barreras y demás animales petristas. Hoy siento un fresquito al haber jugado mis cartas bien, y algo de pena de ver tanto petrista confundido que ahora no sabe que hacer, ni que decir, y que para tratar de aparecer resuelto y tapar el hecho de que colocó en el lugar equivocado su lealtad, repite casi de manera mecánica “¡firmes con mi presidente Petro!”.
La semana pasada dije que no iba a hablar más sobre Petro, pero no lo dije solamente porque este decepcionado de este gobierno sino porque ya no los quiero lastimar más. Yo me doy cuenta, claramente, que cada vez que yo escribo una nota criticando a este gobierno, una herida vuelve y se abre entre la mayoría de ustedes que han depositado su lealtad en Petro y ahora no saben que hacer. Ese tweet de ayer de Petro, para mi, fue como una rendición, una perorata incoherente de alguien que sabe que ha decepcionado a sus seguidores y esta tratando, de manera desesperada, de tapar el hecho de que él estaba pagando favores políticos con contratos de la UNGRD. Ayer, con ese tweet, ya yo vi el derrumbe de Petro.
Ahora, no solo ustedes tienen la lealtad en el lugar equivocado, sino que, además, el beneficiario de dicha lealtad ha colapsado.
¿Saben cuál es la manera más rápida de sufrir un derrumbe emocional?
Poner la lealtad en una persona que sabe que no se la merece y que él (o ella) mismo ha colapsado.
Esa es la fase en la que ahora nos encontramos. Todo un movimiento político poniendo su fe en un individuo que ha colapsado.
Los invito a reflexionar sobre los beneficiarios de sus lealtades. El primer beneficiario debe ser uno mismo, ser leal con uno mismo. Si alguien verdaderamente bueno se aparece en la vida que merezca nuestra lealtad -algo raro-, eso es un bono, porque nuestra lealtad solo debe reposar en nosotros mismos.
No sea idiota, amigo Petrista. Usted ha puesto su lealtad en Petro porque usted no cree en usted mismo. Crea en usted y mande a Petro para la verga. Entre otras cosas, porque el idiota de Petro puso su lealtad en Veronica, y Veronica esta haciendo Chancucos con su poder en este gobierno. Usted pone su lealtad en Petro, y esa lealtad termina en un cruce torcido en Urrá II por cuenta de Nicolás Alcocer, quien esta usando la lealtad ciega de los seguidores de Petro para enriquecerse de la mano de su madre, su padrastro, y la lealtad de todos los idiotas que siguen a Petro.
¡Cipote entrega de lealtad esa! Usted acaba quebrado emocionalmente, y Nicolás Alcocer viviendo en una mansión en el Lago de Como, con su madre, quien casi con seguridad va a mandar a Petro para la mierda cuando se acabe este gobierno.
Su lealtad mal colocada, amigo petrista, es la que hace posible ese chancuco, así que avíspese y no sea pendejo…
Crea en usted mismo y sea leal con usted mismo, nadie más se lo merece…